Despacito


«Sí, sabes que ya llevo un rato mirándote, tengo que bailar contigo hoy».
Y es cierto que llevo un rato mirándote, un rato de días, semanas y años. Un rato de charlas, miradas, bailes y sufrir en silencio y a solas.
«Vi que tu mirada ya estaba llamándome»
A ratos de años, lo sé, lo he visto, tus ojos diciéndome que tú no darás el paso porque respetas mi estado. Que eres mío, pero yo no soy tuya. Que soy libre de llamarte, pero para bien o para mal, tendré que hacerlo yo.
«Muéstrame el camino que yo voy»
Pero no, no voy, porque yo también respeto, y no encuentro la forma de hacerlo bien.
«Tú eres el imán y yo soy el metal»
Total. Algo nos atrae y no son los polos opuestos. Desde la otra punta de la habitación o en una discoteca llena de gente, mis ojos siempre te encuentran, los tuyos nunca me abandonan.
«Me voy acercando y voy armando el plan. Solo con pensarlo se acelera el pulso»
No hay plan cuando estamos juntos. Nos enseñan a seducir desde pequeños, sabemos la palabra exacta, sabemos la caricia perfecta. ¿Pero cómo actúas cuando lo correcto no es lo natural? No, para eso no hay plan, pero el pulso es errático y ves mi corazón dando saltos en el pecho, igual que yo veo el tuyo a la altura de la nuez.
«Ya, ya me está gustando más de lo normal. Todos mis sentidos van pidiendo más»
Años después, la novedad debería haber pasado. Debería haber desaparecido cualquier síntoma. Y sin embargo se acentúan con el tiempo y sí, mi cuerpo, mis sentidos y mis ansias piden mucho mucho más.
«Esto hay que tomarlo sin ningún apuro»
Pero después. Si algún día consentimos en la incorrección más correcta, será rápido y sin control, acelerado, incontrolado. Y solo después, mucho después, cuando la paciencia de años haya muerto en un pequeño instante, quizá podremos tener calma y conocernos sin prisa.
«Despacito»
Con furia e inconsciente
«Quiero respirar tu cuello despacito»
Conozco tu olor, conoces mi cuello. De lejos y con ansia.
«Deja que te diga cosas al oído»
Cosas que no te he dicho nunca. Cosas que mi deseo te grita y tu necesidad escucha. Cosas que ya sabemos. Cosas que gritamos en silencio.
«Para que te acuerdes si no estás conmigo»
Y es que el recuerdo es inevitable. Te me apareces cuando duermo y al despertar. Cuando cocino y pienso en cuánto te gustaría; cuando te cocinan y sabes que ese plato es uno de mis favoritos. No, no necesitamos más recuerdos.
«Quiero desnudarte a besos despacito»
Tantas veces lo hemos hecho, en nuestras cabezas, en nuestra soledad. Y sabemos que la realidad nos superará por mucho que lo hayamos practicado antes.
«Firmo en las paredes de tu laberinto»
En mis sueños, tu firma está en mi cuerpo. Soy tuya. Y cada vez que me tocas reclamas lo que es tuyo y entregas lo que es mío.
«Y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito»
Juntos, tu cuerpo y mi cuerpo, cantan una canción, narran una historia. Sin sonidos, pero completa. De momento no es necesario que nos toquemos para que todos la lean, es obvia para cualquiera. Y se derraman lágrimas de tinta por la distancia.
«Quiero ver bailar tu pelo. Quiero ser tu ritmo»
Sí, me gusta ser tu ritmo. Adoro los intentos que hacemos por acercarnos a compases diferentes, pero sólo conseguimos aumentar una disonancia que no terminará hasta que por fin bailemos juntos.
«Que le enseñes a mi boca tus lugares favoritos»
No es necesario el aprendizaje. Los conoces, los conozco. Sólo tenemos que hacer reales los sueños que nos asaltan en los momentos más inoportunos.
«Dejame sobrepasar tus zonas de peligro»
Solo con tus palabras, con tus ojos. Solo con tu presencia siento que toda yo soy un peligro. Solo con mi presencia te conviertes en una bomba a punto de explotar.
«Hasta provocar tus gritos»
Esos que escucho en mi cabeza cuando te aprieto en mi interior, cuando intentas huir y te guío de vuelta, cuando por fin nuestros sueños se hacen realidad.
«Y que olvides tu apellido»
Igual que olvidamos todo lo demás cuando nuestras pieles se rozan por accidente convirtiendo todo lo de alrededor en una anécdota.
«Pasito a pasito, suave suavecito. Nos vamos pegando poquito a poquito»
Es el comienzo de nuestros encuentros, alejados, prudentes. con pies de plomo y las frases bien escogidas. Solo aquellas que no vayan a dejar nuestros sentimientos a descubierto. Y nos vamos acercando con cautela, con toda la prudencia que somos capaces.
«Cuando tú me besas con esa destreza, veo que eres malicia con delicadeza»
Y es que al rato no podemos evitar enzarzarnos en guerras que nos hacen apretarnos en abrazos malditos, lejanos y tentadores. El único truco para continuar es empezar y no sabemos cómo ponerle fin.
«Pasito a pasito, suave suavecito. Nos vamos pegando poquito a poquito»
Nos damos cuenta del error. Nos alejamos. Volvemos a ser fríos como al comienzo. Volvemos a ponernos la máscara de desconocidos y mientras la conciencia toma el mando no somos ninguno consciente del otro.
«Y es que esa belleza es un rompecabezas»
Pero caemos de nuevo en la malvada naturalidad y, siguiendo nuestra naturaleza, es como el puzle se hace de nuevo.
«Pero pa montarlo aquí tengo la pieza» 
Y como dos piezas de un puzle, encajamos a la perfección.

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